Hace unos meses mientras grababa una historia de un veterinario en el Guaviare, llegamos hasta la Vereda los Alpes, ubicada aproximadamente a 50 kilometros de San jose de Guaviare, la Capital, allí conocí a Don Jorge Sosa. Mientras grababa tomas de apoyo para la historia del veterinario, El día transcurría como una jornada normal de trabajo para todos, hasta que en nuestra conversación se coló la palabra CERRO AZUL. Yo no tenía la menor idea donde estaba, siempre ignoré que la serranía que podía observar desde la finca de don Jorge era la misma donde se encontraban las famosas pinturas rupestres del extinta tribu Carijona. A cerro Azul no se podía subir sin un guía certificado, pero esa no sería una dificultad, como si lo hubiéramos planeado, o se tratara de un milagro, frente a nuestras narices estaba Joselito, el yerno del señor sosa, quien además trabajar en su finca, era guía certificado.

Hace unos meses mientras grababa una historia de un veterinario en el Guaviare, llegamos hasta la Vereda los Alpes, ubicada aproximadamente a 50 kilometros de San jose de Guaviare, la Capital, allí conocí a Don Jorge Sosa.

Mientras grababa tomas de apoyo para la historia del veterinario, El día transcurría como una jornada normal de trabajo para todos, hasta que en nuestra conversación se coló la palabra CERRO AZUL.

Yo no tenía la menor idea donde estaba, siempre ignoré que la serranía que podía observar desde la finca de don Jorge era la misma donde se encontraban las famosas pinturas rupestres del extinta tribu Carijona.

A cerro Azul no se podía subir sin un guía certificado, pero esa no sería una dificultad, como si lo hubiéramos planeado, o se tratara de un milagro, frente a nuestras narices estaba Joselito, el yerno del señor sosa, quien además trabajar en su finca, era guía certificado.