Encima de la mesa ha dejado una bolsa de regalo, dentro de ella hay un peluche de color azul que le entregará el día martes en la escuela a Alison. Se lo entregará ese día, porque no quiere que el padre de su enamorada se de cuenta de esa declaración de amor.

Encima de la mesa ha dejado una bolsa de regalo, dentro de ella hay un peluche de color azul que le entregará el día martes en la escuela a Alison. Se lo entregará ese día, porque no quiere que el padre de su enamorada se de cuenta de esa declaración de amor.

Juan Jaramillo solo tiene 11 años, me dice que le gusta Alison por que no es tan “aviejada” como sus otras compañeritas del colegio, que se pintan los labios y se encrespan las pestañas. Su sueño, a parte de tener un pastor alemán y conocer a Vicente Fernández, es convertirse en un reconocido cantante de música popular en Colombia, asegurando que si logra ir a la Voz Kids, un show musical de un canal de televisión nacional, tal vez de un paso adelante en su sueño.

Ha memorizado 12 canciones entre salsa, vallenato y rancheras. Las canta sin pena, a puro pulmón, como lo hizo hace un mes en el Coliseo de Ricaurte, Nariño, celebrando el día de la madres, interpretando el Clásico de Vicente Fernández “no necesito que sea el mes de mayo”.

Su padre, Joiner Jaramillo, trabaja en Antioquia para una empresa de acondicionamiento e instalaciones eléctricas, instalaciones que ha hecho no solo en Colombia, también en África, España y Brasil. Su Madre,  Lucy Patiño de 47 años, es estilista hace más de dos décadas. En su peluquería me cuenta intimidades de su vida.

En el año 2018, decidió buscar una oportunidad en Chile. Una amiga le advirtió la rentable  oportunidad de ganar más dinero en ese país haciendo cortes de cabello. Ilusionada con mejorar su futuro y las de sus hijos emprendió un largo viaje en bus durante 7 días hasta la ciudad de Santiago.  Su instancia en Chile fue corta, tan solo 6 meses soportó estar lejos de Juan y su otra hija de 21 años, quién se encargó del pequeño durante este tiempo.

Desde su regreso a Colombia, Lucy trabaja en un salón de belleza sobre la calle del comercio, el mismo lugar donde exhibe la rifa de una bicicleta azul, esperando que los fondos recaudados sean invertidos, como lo aseguró el mismo Juan, comprar un traje de mariachi y un amplificador de sonido para sus presentaciones.

Vicente Fernández está enfermo y cada vez veo lejos la posibilidad que mi hijo lo conozca. Aseguró Lucy con la voz temblorosa mientras corta el cabello de un cliente. Para evitar su desconcierto, cambio el tema. Le pregunto de quién ha heredado el talento de su hijo, así la conversación nos lleva a hablar de su fallecida madre; la abuela de Juan, quien en compañía de su esposo, se vieron obligados a abandonar sus tierras años atrás en la época de conflicto.

Mejor sigamos hablando de Juan, el simpático chico de pantaloneta y camiseta, al que le compré un puesto en la rifa. El Don Juan que con canciones y peluches, trata de ganarse el corazón de Alison, una encantadora niña de 10 años que apenas sonríe cuando le mencioné la declaración que me había hecho Juan a mi grabadora.

Mi camino sigue en la bicicleta por el sur del país. Espero tener suerte para ganarme la rifa. En realidad más que eso, espero algún día tener noticias del triunfo de este pequeño, enterarme que compró su traje de mariachi y el amplificador, espero verlo en el Show de televisión, y por que no, algún día llenando estadios.