Escritos

Escritos

Preciosura Alias Caquetá

Carta a mi madre:
Caquetá me enseñó a mirar arriba y abajo, diferente al mal acostumbrado horizonte de una ciudad como Bogotá. Arriba, mientras voy en la bicicleta, busco formas en las nubes, hace poco vi un dragón, una tortuga y un león. Abajo, me detengo a ver mariposas de todos los colores y también, el cruce de cristalinos ríos y cascadas, porque si algo tiene esta región de Colombia, es agua limpia y fresca que cae de la montaña.

Atravesando el Trampolín de la Biodiversidad.

Estoy recordado que las gafas oscuras no son solo para el sol. Pasando el Humedal San José del Chunga, en Sibundouy, un zancudo ha perdido su vida contra mi ojo izquierdo. Debo suspender mi marcha, poner pie en tierra, y retirarme el pequeño insecto que agoniza en mi lagrimal. La molestia es intensa, un par de kilómetros adelante me obliga a detenerme nuevamente en San Francisco. Busco en mis alforjas una gotas oftalmológicas que apacigüen el sensación de tener aún algo adentro. Quizá es el alma del zancudo, revolcándose en mi vista, por los pecados que ha cometido la noche anterior develando a alguien.

Recordando lecciones

– Leño no, Leno. Eso es allá, donde está ese camión blanco “dentre” que ahí es. Me explicaba un transeúnte, mientras indicaba con su dedo índice afectado por la artritis, un giro a la izquierda. Así abandoné la calle con el nombre más extraño que haya escuchado: “Madre Muerta”. Al final había encontrado el famoso restaurante de la señora Leno.

Zumbambica un viaje en bici por Colombia

Yo lo llamaría más que un proyecto, un sueño, un gran sueño. Desde el año 2007 cuando empecé a viajar en bicicleta, es el tal vez, momento donde empezó a forjarse esta fantasía: la de recorrer Colombia entera en bicicleta. Es cierto que he llegado a sitios muy alejados de este país sobre ruedas, pero cuando el viaje terminaba siempre tuve la sensación de querer seguir conociendo y aprendiendo más.